miércoles 6 de agosto de 2008

Verguenza ajena

Ayer, Yulendys Jorge, autora de www.respiroquieto.blogspot.com, publicó en su espacio un artículo de Edwin Paraison que cuando lo leí además de rabia sentí verguenza ajena.

El escrito de Paraison, ex-cónsul de Haití en República Dominicana y presidente de la Fundación Zile, retrata la experiencia de un padre y su hijo de 10 años, quien por tener el color de la piel oscura, algo muy común en Dominicana, vivió moments de desagrado al tener que repetir la maldita palabra con la que el tirano Trujillo inició su estúpida matanza en 1937: perejil.

Hijo de un intelectual haitiano y de una médica nutricionista de República Dominicana, cursa el quinto grado en el Colegio Dominico-Americano y con sus cortos años se sintió como "una persona peligrosa para el país", escribió Ewa en su diario al día siguiente de tan desagradable episodio, y todo eso porque su raza, de la que salimos la mayor parte de dominicanos, dominicanas y haitianos y hatianas, disfrutamos de llevar en la piel ese colorcito negro.

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